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diciembre 07, 2010

MADEMOISELLE RIVIÈRE

Mademoiselle Caroline Rivière



Jean Dominique Ingres pintó el retrato de esta muchacha cuando tenía quince años, por encargo su padre. El pintor realizó también el retrato de su madre, pleno de sensualidad y madurez. En cambio en éste, todos los elementos tienden a poner de manifiesto el candor y la pureza de la muchacha. La joven había fascinado a Ingres y desgraciadamente murió ese mismo año de 1805 en que el artista la pintó. El vestido blanquísimo se acompaña de una boa de plumas de cisne, igualmente blancas. Los críticos rechazaron esta redundancia, porque la consideraban demasiado brillante. La figura se yergue perfectamente nítida contra un sereno paisaje de verdes y azules que refresca el ambiente. La mirada de ella es a un tiempo tímida y penetrante, jugando al juego de la madurez que se anuncia en una adolescente. El retrato resulta de los más logrados del artista

Se conserva actualmente en el Museo del Louvre.


Mademoiselle Riviere - Botero- 2002


Fuentes: Wikipedia

CABEZONA, LA NENA

(LA CRÍTICA MORDAZ E INTELIGENTE DE UN MUCHACHO QUE SABE)

"No sé muy bien qué quiere decir un retrato "bien logrado".
Casi siempre dicen eso cuando quieren decir que la pintura se "parece mucho" al modelo. Lo cual es bastante difícil de comprobar hoy día, ya que dicha adolescente hace rato que es historia y creo que cuando la pintaron todabía no existía la fotografía. O casi. Si este fuera el caso, es decir, que se parece mucho el cuadro al modelo, esa joven estaría en serios problemas. Especialmente traumatológicos, si nos fijamos en que el diámetro de su cabeza casi iguala al de su tórax, que su cuello es un imposible y su torso es más imposible aún. Cabezona la nena.
Uno, sin ser nadie, piensa que a Ingres le importaba un carajo esa joven y lo que quería era cobrarle al viejo. ¿Querés un retrato pintado por Ingres? Pagá. Pero también quería pintar a la Ingres.
Y el Ingres sabía que el viejo burgués no se iba a dar cuenta de nada si él usaba a la nena como pretexto para sus juegos formales increíblemente libres, siempre que la caripela fuera parecida. Y con esa cosa a caballo entre lo neoclásico y lo romántico que siempre lo caracterizó, con su rara herencia gótica por un lado y rafaeliana por otro, se dio una fiesta con las curvas y espirales de la boa de plumas jugando con las curvas del brazo, el drapeado del vestido y el rafaeliano arco que enmarca la cabeza. La curva de la boa, a la derecha es absolutamente paralela al borde superior derecho del cuadro.
La curva extraña del cuello es indispensable para compensar eso. Sentir el peso del guante del brazo izquierdo cortando en diagonal la blancura de la figura y culminando en el acento del mismo color de la puntita del otro guante que se asoma detrás de la falda. Es de esa capacidad de construcción de la que se habla cuando se habla del fantástico dibujo de Ingres. No del parecido. No sobra nada ni falta nada. Cualquier cosa que se saque y el cuadro de cae. Todo está como atornillado al plano. Probar tapando cualquier elemento con el dedo e imaginarse que no está.
Por eso lo admiraba Degas. Y Picasso… Una línea pasa desde Ingres a través de Degas y los prerafaelitas y llega al cubismo y el constructivismo. Botero se daba cuenta.
Hablando de eso, no hay figura más geométrica que la Odalisca de Ingres. Mirar en la Wiki o dónde sea. Mirar el juego de líneas y quedarse mudos. Y el color… un despelote. Ponela Archimboldo, ponela, a la Odalisca digo.
Mademoiselle es lo de menos. Aunque si de mujeres pintadas hablamos, el viejo Ingres es el que más minas debe haber pintado en su vida. Y no sólo pintado"…


GRACIAS SANTI POR LOS COMENTARIOS RECIBIDOS.

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diciembre 09, 2010